Ironman

IRONMAN

Tenía 33 años, una hija (Manuela) de 3 y una esposa (Clau) maravillosa que es lo mejor que me ha sucedido en la vida. Además disfrutaba enormemente de mi trabajo. Sin embargo… pesaba 89 kilos con una estatura de 1,78 metros. De vez en cuando sentía dolores en la parte baja de la espalda e iba perdiendo cada vez más flexibilidad.

Una tarde de domingo después de jugar 18 hoyos de golf, conversar y divertirme mientras practicaba el deporte más difícil del mundo mi espalda baja se rebeló y agobiado por un intenso dolor quedé postrado en una cama. Innumerable veces había contemplado la inmóvil bola planteándome qué golpe ejecutar, para luego ensayarlo múltiples veces sin golpearla y aún así fallar en el intento.

De la incapacidad a la destreza

La siguiente semana ante la imposibilidad de jugar con mi hija, conducir mi propio vehículo y moverme sin ayuda tomé una decisión que cambiaría mi existencia radicalmente: ¡¡Bajar de peso!! Así como lo leen bajar de peso sería mi nuevo gran emprendimiento. Procedí a escribir mi meta: “en los próximos 6 meses debo perder algunos kilos”. Ese fue mi veredicto y ultimátum para erradicar de mi vida los dolores de espalda, el cansancio corporal y sobre todo sentirme más a gusto mirándome al espejo.

Yo trabajaba para una multinacional de alimentos lácteos. Tenía el rol que siempre había soñado y estaba aprendiendo a liderar nuevos retos del negocio. Comencé por donde mi intuición me guio y fue “cerrar la boca”, con el único objetivo de comer menos y mejor. Las ensaladas se convirtieron en mi almuerzo diario y eliminé los carbohidratos de mi vida. En las mañanas desayunaba una manzana y queso bajo en grasa; bebía mucho agua durante el día y por supuesto cuando llegaba a casa por la noche era capaz de comerme la nevera entera. Después de 6 meses de régimen había logrado bajar exactamente un kilo. Mi avance fue descorazonador pues en promedio mi estrategia me había permitido bajar solamente 166 gramos por mes. Los dolores no habían desaparecido y la talla del pantalón no varió. Resultado: ¡Frustración total!

Los amigos como fuente de inspiración

Una noche convidamos a cenar a una pareja de amigos que se iban a casar. El hombre en algún momento comentó que él era un Ironman y relató cómo había terminado uno en Alemania. Mientras que describía con lujo de detalles la monumental hazaña de sin descansar y en un solo día: nadar 3,8 kilómetros, pedalear 180 kilómetros en bicicleta y terminar la jornada corriendo 42,1 kilómetros. Su relato me cautivó. Sentí profunda admiración y una envidia demencial. Mi entusiasmo me llevó a prometerle que lo llamaría prontamente, cosa que no cumplí.

Tres meses después otro amigo muy cercano y al cual aprecio y admiro, me invitó a caminar los 10K de la media maratón de Bogotá. Animado compré unas zapatillas para correr, una camiseta y unos shorts. Muy de madrugada llegamos al punto de encuentro e hicimos la salida acompañados de 25.000 participantes que incluían atletas, abuelitas, perros, niños y caminantes como nosotros; todos llenos de energía, alegría, ansiedad, nervios y camaradería. Era como si juntos hubiéramos acordado celebrar la vida y la oportunidad de ser cada uno la mejor versión de sí mismo. Esa misma sensación vital se repite siempre en las carreras y cada vez la disfruto más. Felices finalizamos los 10K en poco más de 1 hora y 20 minutos. Saboreamos los últimos metros con alegría desconociendo completamente los intensos dolores musculares que nos esperarían durante varios días.

Nata IronmanDar el primer paso: construir una visión

Gracias a mi amigo Ironman conseguí un coach personal que preparaba atletas no profesionales para retos que iban desde correr 5K hasta hacer un UltraMan. Telefoneé al coach para pedirle asesoría y como respuesta me invitó a tomar café para explicarme en qué consistía el proceso.

Mientras conversábamos aprendí una de las más valiosas lecciones aplicables a la gerencia y vida profesional. El coach comenzó preguntándome: ¿Cuál es su meta y que quiere lograr? De inmediato le respondí con convicción: –quiero bajar de peso… algunos kilitos extras que tengo– y solté una risita floja. Agregué la historia de mi espalda y el no poder levantar a mi hija, con el ánimo de conmoverlo y demostrarle mi compromiso para bajar de peso. El coach miró su taza de café, bebió un sorbo grande y me miró a los ojos diciendo: –lo siento mucho, pero yo sólo entreno personas que tienen metas reales y retadoras. Yo no soy el coach para usted. Busque un gimnasio cerca a su casa y un nutricionista–.

Me quedé helado y muy dolido; sin embargo lancé una última pregunta: –¿A qué se refiere con metas reales y retadoras? Esperé con calma su respuesta que llegó así: –Yo sólo entreno personas que tienen ya definida la carrera que quieren lograr y a eso le llamo “meta”. Si no existe una carrera donde usted ya esté inscrito, nada de lo que yo haga va funcionar. A todos mis alumnos les hago un plan personalizado de acuerdo con el tipo de carrera, el nivel de reto que significa para cada uno y la fecha–.

No podía dar crédito a que durante toda mi vida laboral nunca nadie había logrado explicarme ese concepto tan clara, contundente y sabiamente: ¡Sin metas claras no hay progreso!

Ese mismo día me envió varias opciones de carreras que tendrían lugar durante el resto del año. Me pidió que lo dialogara con mi esposa y mi familia, me inscribiera y volviera a conversar con él para definir un plan. Seguí sus instrucciones y me inscribí para correr los 10 kilómetros (10K) nocturnos de Nike en Bogotá y la media maratón (21K) de Miami. Dos inscripciones que me parecieron un acto demente; sin embargo la sensación de haber pagado por algo que no tenía remotamente la posibilidad de finalizar me hizo sentir satisfecho; algo semejante a cuando realizo un pedido por Amazon y luego del clic sé que va a llegar.

Bici IronmanLo que nos mueve a dar lo mejor

Cuando crucé la meta de esos primeros 10K en exactamente 59 minutos, me sentí pleno y radiante. Haber logrado algo inimaginado provocó en mí el deseo inmediato de correr los 21K. No pude participar en Miami debido a las lesiones que me habían aparecido por falta de estiramiento y preparación, sin embargo el deseo de lograr algo más  grande se había apoderado de mí. El coach me recomendó entonces adquirir una bici para alternar entre atletismo y ciclismo, pues de esa forma el impacto sobre los músculos y articulaciones bajaba sustancialmente mientras desarrollaba resistencia (endurance). Mi sentido del ridículo mejoró al poder salir a la calle con ropa absolutamente pegada al cuerpo, fortaleciéndome aún más y comprobé que el entrenamiento cruzado es fundamental.

Mientras entrenaba bici y atletismo me inscribí a mi primer triatlón de distancia sprint (750 metros de natación + 20 kilómetros en bici + 5 kilómetros corriendo) en Miami. Adquirí el equipo necesario y pude participar enfrentándome a algo desconocido. Disfruté al máximo cada minuto de toda la experiencia: la expo del día anterior, la preparación durante la noche, la salida, la llegada y finalmente cruzar la meta sin importarme el tiempo. Ver a mi esposa y a mi niña aguardando mi llegada despertó emociones aún más profundas y mientras nos abrazábamos sin importar mi humedad corporal, les anuncié que ahora me inscribiría en medio Ironman o Ironman 70,3, como lo conocemos popularmente.

¿Qué hace que queramos más y más? ¿Por qué al cumplir una meta perseguimos una mayor? Según mi experiencia se debe a tres motivos principalmente:

  1. Lograr algo que parecía totalmente improbable de alcanzar produce un efecto tan placentero en el cuerpo, la mente y el espíritu que inmediatamente se anhela volver a repetir la sensación.
  2. Una vez que termina un desafío la mente queda en modo “logro” e inmediatamente demanda el siguiente reto.
  3. Somos sociales y la interacción con otros seres humanos es muy enriquecedora. Durante la carrera varias personas me animaron y aprendí a animar, incluso a mis rivales. En otras palabras para ganarles aprendí a ayudarlos. Esa entrega de servicio a otros es valorada por los científicos como una de las acciones que genera varias veces más satisfacción que ganar y oprimir a otro.

 

Carrera 2 IronmanEl coach (jefe) como impulsor de un mejor desempeño

A mi regreso de Miami me inscribí de inmediato al que sería mi primer medio Ironman, esta vez con sede en Austin, Texas. Disponía de 7 meses para prepararme. La primera reunión con el coach fue un brutal aterrizaje pues yo continuaba soñando con mi hazaña de Miami.

–¿Ud. cree que por terminar el triatlón más fácil del planeta en el cual los niños se entrenan, puede correr un 70,3? Por favor tenga más respeto con los que hacemos esto como profesión. Un Ironman 70,3 requiere disciplina, fuerza mental y corporal, horas de entrenamiento y sobre todo la clara determinación de hacerlo. ¿Ud. cree tener estas características porque terminó un triatlón sprint? ¡Lo dudo Solórzano!– No oculté mi cara de asombro y molestia y arrugué la frente durante los 50 kilómetros de bici que ese día entrenamos. Al terminar abordé al coach y con humildad le pedí que me enviara los planes semanales de preparación para Austin 70,3.

Se necesitan jefes y coaches que nos desinflen de vez en cuando y que nos exijan brutalmente para sacar lo mejor de nosotros mismos. ¡Nada peor que un jefe o coach complaciente y mediocre! Por supuesto que habrá momentos incomodos y desagradables, sin embargo a largo plazo seremos más fuertes. Durante los 7 meses de entrenamiento cada vez que me veía medio flojo lo escuché gritando para que los demás oyeran: –¡Ya se lo dije Solórzano usted sigue creyendo que hacer medio Ironman es broma. Va a sufrir en Austin si no se pone serio con esto!– Mi molestia comenzó a durar cada vez menos y en cuestión de segundos estaba entrenando con más fuerza y rigor. Al final de las jornadas el coach me susurraba al oído que había notado progreso.

Los jefes que nos exigen y demandan lo mejor de nosotros y al mismo tiempo reconocen los avances, son el mejor motor de crecimiento. Una meta clara y un jefe exigente nos colocan en la mitad del camino al éxito. ¡Gracias a todos los jefes que nos exigen brutalmente!

Un nuevo día es un paso más para llegar a la meta

Cada Ironman o competencia importante me ha requerido en promedio 6 meses de preparación. El tiempo depende de mis condiciones físicas y mentales por tanto cada proceso de entrenamiento es diferente. Lo mismo sucede en la vida profesional donde alcanzar un objetivo requiere procesos diarios con tareas y resultados específicos.

Semanalmente entrené 6 días progresando diariamente. Cada día tuvo su propósito específico para cumplir con el plan de los seis meses, que abarcaba tres etapas consecutivas: 1) fortalecimiento; 2) elevación del ritmo cardíaco y 3) preparación del cuerpo y la mente para resistir (endurance). Fortalecimiento, velocidad y resistencia, son las claves para pasar de la visión de una meta a la realidad y comenzar a acercarnos al logro. Las actividades diarias van desde correr, caminar, estirar, hacer pesas, nadar, masajes, nutrición y hacer fondos interminables hasta simplemente dormir y descasar. Cada día trae su propósito específico y aunque las acciones parezcan insignificantes siempre contribuyen al progreso.

Es importante agregar que entrenando nunca se hace la carrera completa. Al llegar a cada carrera hacemos esa distancia por primera vez. He corrido siete veces la media maratón de Bogotá y tres veces la de Lima y siempre los objetivos y metas han cambiado. Eso me ha llevado a ver la vida como un reto permanente donde el mismo desafío siempre conlleva otra meta evolutiva.

¡Llegó el día de la carrera, confirmaré si mi entrenamiento fue efectivo!

Participar en el Ironman de Florianópolis, Brasil, con más de 2.000 atletas probando su mente y cuerpo fue muy emocionante. Todos compartíamos una risa nerviosa permanente y hasta a los más serios y competitivos se les veía en modo de celebración. Nuevamente flotaba en el ambiente esa energía celebrando la vida y la oportunidad única de poner a prueba la mente, el cuerpo y ciertamente el espíritu.

Un par de días antes un amigo me había enviado el siguiente mensaje: –el entrenamiento fue lo más difícil y los seis meses ya quedaron atrás. Ahora sólo importa disfrutar la carrera y que cada minuto cuente para la eternidad.– Efectivamente disfruté los nervios de la salida con 2.000 nadadores que iban por la misma ruta; los primeros 200 metros donde mi respiración alternada me permitía por un lado ver la noche y por el otro el amanecer; sentir el agua salada y salir de ella corriendo con pasos cortos mientras bajaba la cremallera del wetsuit; pasar por la duchas de agua dulce; oír los aplausos, las risas y sentir la energía de la multitud; agradecer a los voluntarios que ayudaban; subir en la bici dejando atrás T1 y sabiendo que un tercio había quedado atrás; pedalear los primeros dos kilómetros con la respiración fuera de control; repasar mentalmente la estrategia de la carrera: su cadencia y velocidad; sentir el cuerpo para regular los próximos 180 kilómetros de bicicleta; pasar por las estaciones de hidratación a 20 kilómetros por hora; hacer malabares en la bici para comerme un banano y tomar agua; ver a la mayoría de ciclistas adelantándome en lo plano; recuperar algunos puestos en las subidas; sentir el cansancio y controlar mi mente cuando apenas comenzaba la segunda vuelta de 90 kilómetros; disfrutar mis diálogos internos; bajar de la bici y entregarla; correr descalzo a T2; ponerme los tenis/zapatillas; colocarme bloqueador y comenzar los 42 kilómetros carrera más lindos de la vida; aplaudir a los corredores que iban más despacio dándoles ánimo pues ayudarlos a que continuaran había sido mi estrategia y a la vez mi satisfacción durante las 3 horas y 55 minutos que duró mi maratón.

Mis emocionadas lágrimas al finalizar corriendo de la mano con mi esposa y la foto de mis hijos, fueron el mejor premio por haber finalizado en 11 horas y 9 minutos el Ironman de Florianópolis, dejándome grandes enseñanzas:

 

  1. Fijar metas grandes, audaces y que parezcan imposibles es el comienzo del éxito.
  2. La exigencia brutal de los coaches (jefes), es fundamental para alcanzar mi mejor versión.
  3. Cada día y cada tarea constituyen un paso hacia a la meta. La ejecución diaria no puede fallar.
  4. Los pares, amigos y familia son fundamentales en la motivación y a ellos les debemos el mayor agradecimiento por el hecho de estar cerca de nosotros.
  5. Ayudar y servir a otros es tan satisfactorio como terminar y lograr la meta.

¡ Soñar, creer, lograr y agradecer son absolutamente necesarios para el triunfo!

LLegada Ironman